La destrucción de la economía del gobierno Petro
Si algo dejó claro este gobierno es que la contabilidad pública también puede ser un género literario: drama, suspenso
Si algo dejó claro este gobierno es que la contabilidad pública también puede ser un género literario: drama, suspenso y, por supuesto, comedia involuntaria. En 2024, el país cerró con uno de los déficits fiscales más altos en décadas, tanto así que el Ministerio de Hacienda tuvo que anunciar recortes de emergencia que golpearon educación, salud e infraestructura. Porque nada dice “estamos bien” como paralizar obras y retrasar giros a departamentos y municipios, según reportaron Portafolio y El Tiempo.
Pero la trama no mejora en los capítulos siguientes. En 2025, las agencias internacionales —esas que no suelen tener sentido del humor— advirtieron sobre el deterioro de las finanzas públicas y el aumento del costo del endeudamiento externo. Bloomberg y Portafolio describieron un panorama donde la incertidumbre económica se volvió rutina, casi como si fuera parte del plan de gobierno.
Para 2026, el cierre del cuatrienio ya parecía una secuela innecesaria: el Ejecutivo recurrió reiteradamente a decretos y estados de emergencia para sortear el rechazo del Congreso, según Cambio y El Espectador. Una especie de “gobernar por decreto” que, más que eficiencia, dejó la sensación de que el diálogo institucional era un trámite prescindible.
Y por si faltaba un giro final, los analistas coincidieron en que el legado fiscal del gobierno quedó marcado por uno de los mayores déficits en décadas y una deuda pública en niveles récord, como registraron Portafolio y La República. Todo esto mientras el recorte presupuestal a mitad de año paralizaba obras y atrasaba pagos territoriales, un detalle menor… salvo para quienes dependen de esas obras, claro.
¿De verdad queremos seguir aplaudiendo gobiernos que “resuelven” los problemas creando déficits históricos y gobernando a punta de decretos?
Al final, en campaña todos prometen responsabilidad fiscal, pero pocos explican cómo evitar que la historia se repita. Por lo tanto, ¿prefiere un gobierno que improvisa y deja la factura a las próximas generaciones, o uno que entiende que las cuentas públicas no son un chiste?



